lunes, 19 de mayo de 2014

Insectos y bacterias con destino a Europa

Málaga (Andalucía), 19 de mayo de 2014 / Cartas al Director / Ana Sáez Ramírez


En los debates públicos sobre las consecuencias del cambio climático, se deja el ámbito de la salud más bien en un segundo plano, cuando lo cierto es que el cambio climático influye ya de forma indiscutible en la salud humana, además con tendencia al alza. Sin ir más lejos la OMS, la Organización Mundial de la Salud, considera la relación existente entre el cambio climático y la salud no sólo como un tema muy importante, sino como el tema más importante del siglo XXI.

Recordemos que en el caluroso verano del año 2003 murieron en Europa más de 70.000 personas, a pesar de que todos los países afectados disponen de un buen sistema sanitario. Posteriormente hubo en Rusia un verano de calor extremo con 56.000 muertos. De esta forma el verano de 2003 es considerado como la mayor catástrofe europea de medio ambiente desde el “Grote Mandränke”, que fue una terrible marea viva que hubo hace 650 años.

Por otra parte no habría que perder de vista que los inviernos templados favorecen una reproducción descontrolada de las garrapatas, un animal que no se debe subestimar, pues los problemas que ocasiona aumentarán con el cambio climático. Otro problema alarmante es la aparición en Europa del mosquito tigre asiático, potencial transmisor de la fiebre amarilla y el Dengue, y que debido al aumento de las temperaturas se ha extendido hasta Alemania, Holanda y Bélgica.

Básicamente hay que decir que naturalmente, debido al cambio climático cambian las condiciones de vida y las áreas de extensión de muchas especies de animales y de plantas. De eso también forma parte la extensión de organismos portadores de enfermedades, llamados vectores, como son las garrapatas y los mosquitos. El hecho es que la velocidad de desarrollo de estos parásitos está aumentando con el calentamiento. Hay cifras interesantes sobre las larvas de los mosquitos de tigre asiático, pues para reproducirse necesitan 14,4 días a 20 grados, pero a 30 grados necesitan solo 8,8 días. Los mosquitos tigre por ejemplo son muy resistentes y pueden sobrevivir en Europa si los inviernos son templados.

En base a esto podrían verse pronto casos de malaria en Europa, puesto que el agente patógeno de la malaria, el Anopheles Pompeius, se encuentra en zonas rurales, y en 1999 se demostró por primera vez un caso de mosquito transmisor de esta enfermedad en Los Alpes, que perfectamente podría transmitir la leishmaniosis. 

Las bacterias por lo tanto podrían convertirse en un problema cada vez mayor. Por ejemplo, en el mar Báltico en Julio de 2013 un equipo internacional de investigadores informó de que en veranos calurosos cada vez más personas se infectan con el Vibrio Vulnificus, un bacilo que prospera en agua marina de zonas cálidas y que provoca infecciones por el consumo de marisco y pescado crudo, aunque también puede penetrar en el organismo a través de heridas, siendo los antibióticos efectivos en las primeras fases, aunque más adelante puede ser necesaria la amputación.

¿Se podría relacionar por lo tanto la aparición de bacterias e insectos con el cambio climático? La respuesta es sí. De hecho el calentamiento global juega un papel muy importante y ya existen cifras reveladoras. Con cada grado que suba la temperatura del agua, se favorece el riesgo de contraer infecciones en un 1,93%.  

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