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sábado, 16 de enero de 2016

Y yo sin rastas

Las Palmas de Gran Canaria (Canarias), 16 de enero de 2016 / Artículo de Opinión / Salvador Suárez Martín 
Lamentable el espectáculo en redes sociales,  de algunos medios e incluso de algunos políticos, más pendientes de la imagen de los diputados que por factores más reales. Tanto que lograron convertir la imagen de un diputado en uno de los centros de atención del inicio de legislatura
Muchos se volcaron a insultar a un diputado por su pelo, superando otros tristes argumentos elitistas como la profesión. Algunos olvidan que el parlamento debe representar a la ciudadanía española y en España hay más, o eso espero, personas con rastas que ladrones con chaqueta. Que hay más obreros que banqueros. Si ya era triste que algunos prefirieran a un idiota con título que a persona sin título sin conocer cualquier otro detalle, más triste  es que parezca que muchos prefieren a ladrón conocido pero vestido según los cánones que un desconocido con rastas.  Puede ser que España sea realmente la de su leyenda negra, una de hidalgos sin tierra ni visión pero a la moda, un España intransigente y conservadora o simplemente que algunos no vivan en un mundo real.
Cansado de ver criticas de unos partidarios a otros, basadas no en argumentos racionales sino en insultos, destacando más lo malo del rival que lo bueno propio podría plantearse si el problema llega más allá, al ciudadano de la calle que se ha terminado por creer que la política solo se puede hacer desde el traje y el sillón. En una especie de Síndrome de Estocolmo.
Algunas de las señorías no tienen contacto con el pueblo salvo en las elecciones pero más grave que sus votantes piensen que los políticos deben ser algo diferente al resto.
Y todo esto no es un defensa a Podemos, es una defensa a la cordura. Me preocupa menos la imagen de un diputado que saber cuántos diputados están imputados. Me preocupa menos como quiera llevar su pelo o su ropa una persona que lo que piensa, y me interesa más la foto de Patxi López como Presidente del Congreso que las anécdotas del día. No tengo rastas pero seguramente como la inmensa mayoría de la gente nos sentimos más cerca de alguien peinado como quiera que de alguien de traje, comisión y sobre.
Al final, todos, incluido yo al escribir este artículo, terminamos por desviarnos de la nueva situación política en España para perdernos en debates que aportan poco, retroalimentando lo anecdótico y los complejos de algunos en lugar de analizar los factores importantes. Mientras tanto al menos un diputado imputado y pasa como nota a pie de página, y la que debía ser la noticia del día, la presidencia de Patxi López,  sale apenas un poco más. Quizá si López hubiera llevado rastas, o las personas que las han criticado estuvieran más en la realidad tendríamos un país algo mejor…Y yo y ustedes estaríamos pensando en algo más importante que si le molesta a algunos el peinado de otros

sábado, 5 de septiembre de 2015

Colectivo Voces Transversales

Esa foto

Las Palmas de Gran Canaria (Canarias), 05 de septiembre de 2015 / Articulo de Opinión / Salvador Suárez Martín

Una imagen vale más que mil palabras, o quizá es la gota que colma el vaso, lo cierto es que la foto de Alylan Kurdi ha despertado conciencias pero también un debate de personas que prefieren no afrontar imágenes de este tipo.
Algunas manos en la cabeza claman contra la dureza de las imágenes y la duda de si es ético mostrar estas imágenes planea por otras, incluso la duda podría surgir sobre si de tanto mostrar imágenes como estas, se corre el peligro de acabar insensibilizándose ante la tragedia. Mi abuela decía que no había nada seguro menos la muerte, pero es casi seguro que esta imagen, dura o no, ha servido para abrir muchas miradas. Alylan no es el primer niño, ni será desgraciadamente el último, que muera por la unión de la barbarie de unos y el egoísmo de otros, pero se ha convertido en un símbolo de lo que muchos quieren ocultarse a ellos mismos. Con foto o sin foto la tragedia ha ocurrido, pero gracias a la prensa y a esa foto, no ha pasado desapercibida.
La cultura occidental se alimenta cada día más de esconder lo que es incómodo y en este caso las quejas ante esta imagen en los medios es un símbolo también de este vicio. Somos una sociedad que prefiere ocultar lo desagradable a afrontarlo, es preferible soterrar las basuras a solucionar los problemas; mejor esconder a los sin techo que buscar alternativas a su situación; usar eufemismos para no llamar las cosas por su nombre; fingir cordialidad y no afrontar las diferencias; contentarnos porque podemos mejorarlo todo con el photoshop y, en este caso, esconder los dramas antes que asumir que ocurren o incluso, que son también nuestra responsabilidad. Alimentamos una sociedad donde se premia y se busca esconder o negar los problemas antes que solucionarlos, afrontarlos o reconocerlos. La sociedad del maquillaje, de lo políticamente correcto, aunque distinguir qué es lo correcto a veces es complicado.
En definitiva esta imagen nos recuerda que llenando las noticias de exclusivas deportivas o la televisión de entretenimiento fácil, no solucionamos nada. Las adversidades hay que mirarlas de frente, oírlas, afrontarlas, para poder solventarlas. Aun así, es bien cierto que no podemos convertir la exposición de estas imágenes en una rutina, porque llegaría el momento en que no afectarían a nadie y también que es necesario apartar un rato la mente de los problemas, pero no podemos convertir los medios y la sociedad en una mascarada continua. Esta imagen nos debería hacer pensar que no sólo existe la crisis en Europa, sino que es necesario trabajar para construir un mundo más justo porque la injusticia no descansa ni va a desaparecer porque no la veamos, incluso hasta llegar el momento de acabar con esa misma sociedad que quiere negar sus defectos. Hay que empezar a dejar los parches y las negaciones a un lado y como primer paso para mejorar, mirar la dura y cruda realidad. Si queremos no ver más fotos en la prensa de niños muertos deberíamos preocuparnos más de que las personas no tuvieran que arriesgar sus vidas de esa dramática manera y menos de qué foto es agradable o no ver en la prensa.
Ante la duda, y aunque algunos hubieran deseado pixelar a Alylan con Photoshop, es evidente que deben publicarse fotos así, porque debe ser noticia, y debe dolernos que estas cosas pasen. Lo preocupante sería que no doliera o no impactara. Lo preocupante es que prefiramos no verlo para no pensar que podría ser nuestro hijo quien estuviera tirado en esa la playa. Y afortunadamente ha dolido. Ni la sociedad ni el periodismo debemos mirar hacía otra orilla.

viernes, 19 de junio de 2015

Elecciones pasadas, elecciones por venir


Las Palmas de Gran Canaria (Canarias), 19 de junio de 2015 / Artículo de Opinión / Salvador Suárez Martín (*)

Todos suponíamos que los resultados de estas elecciones iban a estar muy repartidos y que se aproximaba una época de pactos en las administraciones públicas. El resultado ha dejado claro que ese puede ser el futuro de las siguientes elecciones a corto y medio plazo. Esto debería significar una evolución en la forma de votar de la ciudadanía y un futuro del que podríamos vaticinar algunos posibles cambios.

La polarización del voto entre dos o tres opciones parece que está desapareciendo, probablemente las opciones de las personas que acudan a votar serán mayores lo que a su vez hará que los partidos tengan que exponer más y mejor sus propuestas, ya no bastará con definirse en contraposición a otro. Tendrán que definir mejor su público, sus votantes y ajustar bien su mensaje a ellos. El hacer propuestas viables y atractivas será más necesario y no bastará con los votos que arrastra la costumbre de un logotipo.

Seguirán existiendo el voto útil, el voto ganador (Bandwagon), el voto perdedor (underdog), pero el voto será menos influenciable por las encuestas, que ya han demostrado que pueden errar. Además las pequeñas cantidades de votos podrán cambiar completamente un gobierno, por lo que se reducirá la sensación de gran parte de la ciudadanía de que sus votos no significaban nada, ahora habrá  menos excusa para no ir a votar.

El voto no tendrá que ser igual al votar al ayuntamiento, a la comunidad o a las nacionales, eso ya está pasando. No basta con tener una buena marca, aunque  claro que ayuda, pero si la candidatura de un determinado ámbito no tiene un nivel suficiente ya no existirá tanta disciplina de voto como hasta ahora, las famosas olas serán ahora marejadas difíciles de predecir.

Se pensará más a quien votar, ya no basta que un candidato me caiga bien, poco a poco la decisión del voto se vuelve un proceso más exigente donde se prestará más atención a programas, acciones, actitudes, aptitudes y propuestas, las personas serán más exigentes y pondrán estos valores por encima de votar al candidato al gobierno de la región porque es de mi pueblo.

La visión de la ciudadanía deberá pensar de una forma más general, menos localista, no sólo por solucionar el problema de mi municipio debo cerrar mi voto a todos los niveles porque están en juego los derechos e intereses de muchas más personas, tampoco colará prometer una cosa en un sitio y la contraria en otro.

Los buenos equipos se situarán por encima de los personalismos y egos de vender sólo al cabeza de lista como si el resto no fuera a gobernar, lo que debería provocar listas más compactas, más capacitadas, mejores equipos por encima de ambiciones personales.

También cambiarán las cosas después de las elecciones, los pactos y las negociaciones han sido y serán más transparentes, los partidos y candidatos deberán ser más cuidadosos al decir de esta agua no beberé. La actitud deberá ser de más debate, consenso y propuestas si se quiere llegar luego a pactos creíbles.

Puede ser, o espero, que estos pactos hagan más difícil volver a gobernar a quien lo haga mal. Los gobiernos elegidos deberán preocuparse mucho más de rodearse de personas capaces y de llevar a cabo mejores políticas, ya que las posibilidades de formar gobierno serán más, por lo que sería más fácil buscar opciones de cambio.

Todo podría resumirse que con más atención y participación de la ciudadanía, aumentando el nivel de exigencia, las estructuras de los partidos y las personas que participan en política deberán intentar subir el listón, no bastará el discurso fácil, no bastará prometer sin intención de cumplir y no bastará llegar a gobernar para olvidar lo prometido. Los votos descontentos castigarán responsablemente a quienes no cumplan o se desvíen, por lo que las mentiras y las promesas vacías, lo tendrán más difícil para prosperar.

Claro, que todo estos son cambios a positivo, podríamos nombrar también posibilidades negativas, por ejemplo personas que demostrando los votos que han hecho un mal trabajo se cuelen en gobiernos quedando como vencedores con un pésimo resultado o que partidos con poco criterio gobiernen pactando lo que sea,…también otros muchos de los cambios que nombro son casi utópicos.

En realidad estos cambios que he descrito son los espero que lleguen. Realmente no sé si lo harán, este artículo es casi más una lista de deseos que una predicción, en este caso soy optimista. Espero que al menos algunas se cumplan o si se vaya por ese camino,  porque parecen viables con la situación actual, porque parece que podrían llegar, podríamos estar en camino hacia una democracia más madura, más pensada, más sólida…y también por buscarle una pega más complicada, que obligará a la sociedad en su conjunto a prestarle más atención y cuidado, pero vale la pena que hagamos el esfuerzo.

(*) Miembro del Colectivo Voces Transversales